Un momento está pendiente de mí y al siguiente me echa de su lado. ¡¡Y yo no puedo creer que esté pasando otra vez!! ¿Por qué sigo haciéndome esto a mi misma? Debo ser masoquista.
En las relaciones amorosas hay una línea muy fina entre el
placer y el dolor. Mucha gente cree que una relación sin dolor es una relación
que no vale la pena. Para algunos el dolor implica evolución. Pero, ¿cómo saber
dónde acaba el dolor evolutivo y empieza el dolor lacerante?
Tómate otro cóctel, piensas, pero no. No es cuestión de
cócteles es cuestión de decencia humana, es cuestión de asumir
responsabilidades, es cuestión de ser adulto, de ser un hombre.
Se trata de que nos estamos acercando y tú estás tan
acojonado que necesitas poner un océano entre medio.
Estaba furiosa, no con él, conmigo misma. Puede que él
tuviera el látigo pero yo era la que me había atado. Me había atado a un hombre
al que le aterraba que le atasen.
Era adicta al dolor, al exquisito dolor de querer a alguien
tan inalcanzable. Una parte de mí me estaba sujetando, sabía que había llegado
demasiado lejos, que había llegado a mi límite.
Y se acabó. Me desaté de él, era libre… pero no había nada
de exquisito en ello.
Este texto está recogido de una parte del capítulo de "Sexo en Nueva York" - El dolor exquisito
Este texto está recogido de una parte del capítulo de "Sexo en Nueva York" - El dolor exquisito

